Ayudar a los que ayudan: Cáritas

La crisis y el torrente de solidaridad 

Durante el año 2010 tuve la fortuna de trabajar en CáritasEspañola, elaborando, entre otras cosas, la Memoria económica y de actividades del año anterior de todas las Cáritas diocesanas. Eso me permitió conocer la situación de las distintas zonas de España de manera bastante directa.

Es admirable cómo cientos de personas en cada diócesis, en cada parroquia, entregan su trabajo, su tiempo, y sus habilidades a atender a los más necesitados; personas en paro, inmigrantes, familias sin recursos y en general cualquiera que esté en una situación de exclusión social. Sin embargo, los números eran bastante desoladores; las ayudas públicas se recortan, aunque se mantienen las donaciones privadas, pero cada vez es mayor el número de personas a atender. La misma tendencia se mantiene hasta hoy. En 2011 se atendieron 1.804.000 personas, 200.000 más que el año anterior.

Los números son muy fríos, pero no podemos olvidar que detrás de cada uno hay una persona, con nombre y apellidos, una situación concreta y normalmente mucho sufrimiento. El Secretario General  Sebastián Mora urge a los poderes públicos a “poner a las personas por delante de los números”. Del mismo modo, el manual sobre “ Criterios de discernimiento” recientemente publicado, anima a que “las personas sean el fundamento de los procesos de desarrollo, impulsando su crecimiento integral”.

El perfil del pobre ha cambiado. La crisis ha provocado que se rebaje el umbral de la pobreza, que afecte a más personas. De hecho, muchas personas que antes venían a ayudar, ahora se ven obligadas a pedir. Padres de familia que se quedan en paro y pierden su casa, o que no tienen para alimentar a sus hijos. Y para eso hace falta mucha humildad. Esto provoca situaciones por lo menos curiosas.

 Caritas_y_crisis

En Cáritas existe un cuidado extremo por mantener en el anonimato de los que atienden. Sin embargo, el hecho de pedir ayuda es también una lección de vida, tanto o más que ayudar. No se trata de hacer exhibicionismo de las necesidades, sino de entender que dar y recibir son parte natural de la vida. Todos en algún momento necesitamos ayuda, y eso puede rebajar nuestro estatus social o dañar nuestra vanidad, pero en ningún caso supone algo malo, un castigo o algo de lo que nos tengamos que arrepentir. Además, mostrar las necesidades ofrece a los que tenemos alrededor la ocasión de ayudar, de ser solidarios. Y la respuesta suele ser sorprendente.

Hoy en día, las necesidades no están muy lejos, no hace falta irse a África (aunque también es necesario). Todos tenemos cerca alguien a quien ayudar: un amigo en paro, un familiar enfermo, una persona con apuros económicos que no puede pagar la luz. Ayudar es fácil en tiempos de crisis. Alimentar el torrente de solidaridad, tanto en ayudar como en que nos ayuden, es un beneficio incalculable del que todos nos podemos beneficiar.

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sin ellos y muchos más, no sería posible