Bonhomía y Resiliencia

He sentido la necesidad de unir estos dos completos neologismos para su conocimiento y puesta en práctica en una sociedad que pone a prueba nuestra capacidad de resistencia y, por tanto, puede condicionar nuestras posibilidades de ser unos buenos hombres.

La  bonhomía, procedente del galicismo “bon homme” y que suponemos englobará a la “bonne femme”, es la definición de la sencillez unida a la bondad en el carácter y las maneras y personificadas en un ser humano. Para entendernos, una persona sencilla, afable, bondadosa y honrada. Valores muy necesarios que habrá que recuperar por el bien de la convivencia, la solidaridad, el altruísmo y la filantropía. El buen hombre tan escaso en nuestra sociedad.

La  resiliencia, término proveniente de la física y la ingeniería, define la capacidad de un material para absorber y almacenar energía antes de deformarse…por asimilación pasó a definir la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite, recuperarse y sobreponerse a ellas.

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Recuerdo una advertencia maternal, un deseo, resumido en una categórica expresión: “Que Dios no nos mande todo aquello que podemos soportar”. Y así es… y aunque Dios descanse delegando en el libre albedrío humano, somos nosotros los humanos los que nos hemos convertidos en los probadores de los límites de los demás.

Nuestra capacidad de no terminar deformados es continuamente puesta a prueba y, así, es muy fácil dejar de ser un buen hombre: la sencillez llega a desaparecer frente a la superficialidad y las diversas ostentaciones; nuestro carácter se agría por las veces que tenemos que apretar los dientes, dejando de ser afables; y aunque podamos conservar toda la honradez que los ejemplos sociales nos cuestionan, es verdad que podemos llegar a dejar de ser bondadosos e indulgentes.

Nuestra capacidad resiliente se hace mayor pero no creo que ayude a nuestra bonhomía. Es complicado que un material humano sometido continuamente a situaciones límites externas pueda conservar, sin un gran esfuerzo, su afabilidad, cortesía y bondad.

Según se nos relata en  Mateo 5, 38-348 , Cristo dijo: “Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda”. Podemos cansarnos, en algunas ocasiones, de poner siempre la mejilla contraria a la golpeada con anterioridad, esperando con nuestra bonhomía convencer al villano para preservar nuestra integridad.

Una persona a la que aprecio, me comentó el otro día: “Hay personas que parecen estar continuamente enfadadas con el mundo….”; suelo reflexionar sobre los comentarios realizados por otros, sobre todo si los aprecio, y así lo hice. Tras mirarme dentro, me reconocí estando enfadado con el mundo; sí de manera concreta. En general, no. En concreto estoy enfadado sólo con aquellos hombres y mujeres que, usurpando el papel asignado al dios del consejo maternal citado, ponen a prueba nuestra capacidad de resistencia a la deformación.

Por suerte, me reconcilian con el mundo mucha otras personas que, en vez de golpear incesamente para deformar a los demás, están apoyando a los que ya no pueden ser más resilientes; están tratando de diseñar un mundo donde nadie se arrogue la potestad divina de ponernos a prueba y que consideran que salvándonos en la tierra, todos juntos, también podremos ganar el cielo. Esos buenos hombres y mujeres que tienen las características esenciales de la resiliencia y la inteligencia emocional y son capaces de cuestionarse a si mismos y de darse una respuesta honesta; de mantener una sana distancia emocional, sin llegar al aislamiento; de establecer lazos satisfactorios con otras personas; de exigirse y ponerse a prueba en tareas progresivamente más exigentes; de encontrar lo cómico aún en la tragedia; de crear orden, belleza y propósito a partir del caos y el desorden y de discriminar entre lo bueno y lo malo.

Una tarea tenemos para que no nos quiebren mientras tratamos de educar a los que nos rodean: debemos ampliar aquella idea que siempre tuve sobre la educación: una buena semilla, en una buena tierra, un riego adecuado, un auténtico y respetuoso cuidado con el crecimiento y la poda de las ramas para que el árbol creciera derecho y con buenas raíces. Hay que añadir todo lo aprendido de la fábula de La Fontaine sobre “El roble y el junco”: la necesidad de un tallo flexible.

 Creo que necesitamos personas resilientes y que sean buenos hombres y mujeres; pero que también luchen por un mundo, en dónde las energías consumidas en adquirir resiliencia, sean utilizadas en ser buenos hombres que sepan conservarse, instruirse, moderarse, vivir para sus semejantes, para que ellos vivan para los demás.

 

 

2 Comentarios en “Bonhomía y Resiliencia
  1. Rosa Ariza dice:

    Excelente. Me resulto una guia de reflexion muy util en este momento de descalabro moral que vive el mundo.
    Gracias.

  2. José Luís Castaño Subias dice:

    Me alegro mucho, Rosa, de que unas pocas palabras salidas del corazón te hayan servido de algo. änimo y a seguir luchando. Saludos

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sin ellos y muchos más, no sería posible