Día Mundial del Medioambiente

Los  Objetivos de Desarrollo del Milenio sitúan en el puesto número siete la meta de garantizar la sostenibilidad del medio ambiente. Y hoy, Día Mundial de dicho medio, es un momento tan bueno como cualquier otro para preguntarse si el aumento de la población hace este objetivo sostenible o no.

Aunque esto suena un poco confuso, pues el medio ambiente es el que es. Sin más. Es el mal llamado “progreso” de la humanidad el que debe cuestionarse su propia sostenibilidad. Y con algo más de 7000 millones de seres humanos habitando el planeta Tierra, esta parece misión imposible.

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En 2014, la  Organización Mundial de la Salud (OMS), actualizó su informe sobre contaminación, analizando 1600 ciudades de 91 países, y determinó que solo el 12% de las personas que viven en esas ciudades respiran un aire limpio.

De las ciudades más sucias, trece están ubicadas en La India, y de las más limpias, veinticuatro en Canadá. ¿Casualidad?, de ninguna manera. La pobreza, el uso de combustibles, el aumento de medios de transporte motorizados y deficiencias en el consumo energético de oficinas y hogares, son los principales causantes de toda la basura suspendida en el aire que respiramos. Amén de las grandes empresas, que cuentan con la complicidad de los gobiernos para destrozar la naturaleza en pro de un desarrollo que cada vez nos están matando más deprisa.

Decir que el problema de la contaminación no es prioritario, cuando en un país son millones las personas que viven bajo el umbral de la pobreza, puede sonar, además de a obviedad, a mentira. La contaminación y la pobreza van de la mano. Y la mala gestión de los residuos contribuye a que las condiciones de vida de la gente que vive con menos de un euro al día sean, si cabe, aún peores.

Si un niño tiene que buscar comida o chatarra en un basurero, muy difícilmente podrá dedicar ese tiempo a acudir a la escuela. Otro buen ejemplo de cómo la contaminación fomenta la pobreza, es la moda practicada últimamente por los países más ricos: llevar todo aquello que aquí sobra a los países pobres. Ropa, móviles o electrodomésticos usados son los productos que más reciben los llamados países subdesarrollados. Comprar, usar y tirar no parece, a todas luces, la clave para la sostenibilidad.

Ya lo decía la canción, “dar solamente aquello que te sobra, nunca fue compartir, si no dar limosna…”.

 

 

 

 

 

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sin ellos y muchos más, no sería posible