Hace unos meses entré en contacto con la UNIR al tutorizar los practicums de alumnos en el máster de profesorado y eso me permitió conocer un poco la universidad y llegar al campus solidario.

Recuerdo cuando estudiaba la carrera de económicas, recuerdo cuando planificábamos el futuro y nos erigíamos en salvadores del  mundo desde  nuestros puestos de directivos de banca, de grandes multinacionales, éramos ambiciosos  desde una visión muy materialista y pecuniaria de la vida                  ( totalmente achacable a esos maravillosos 20 años que todos hemos pasado)

Por accidente, por el propio destino, por suerte, no sé exactamente muy bien por qué, acabé en el mundo de la docencia ( todavía recuerdo cómo me llegó la propuesta en medio de una cena de amigos y como algo muy circunstancial). Probé suerte, no muy convencido ya que me encontraba en una entidad financiera y el cambio era importante ( no hace falta que entrar en detalle en relación a los comentarios que recibí)

Recuerdo mi primer día de clase. Tenía 24 años y me enfrentaba por primera vez a 25 jóvenes de  2º de FP  y muy mayoritariamente chicas ( alguno seguro que piensa ¡ qué suerte! ), pero os puedo asegurar que en ese momento no lo veía tan claro

Han trascurrido 20 años de ese primer día y la experiencia ha sido más que maravillosa. La docencia te permite sentirte útil, te permite ayudar a los jóvenes en algo tan importante como es su formación no sólo académica sino también personal., te  permite crear unos lazos que duran toda la vida y lo, que es más importante, te permite sentirte bien contigo mismo y encontrar un sentido a tu propio trabajo

Hoy me he inscrito a mi primer proyecto de campus solidario “Formación financiera para cooperativistas de Ecuador”  No os voy a negar que  voy un poco perdido y seguro que necesitaré un poco de ayuda, pero muy ilusionado en poder aportar mi granito de arena.

No puedo acabar este pequeño comentario sin recomendaros una lectura que estoy acabando y que me está permitiendo plantearme muchas cosas  que a veces no somos capaces de ver “El monje que vendió su Ferrari” de Robin. S. Sharma.

Un saludo a todos

Ricardo Llopart