Mi experiencia en Campus Solidario

Desde hace unos años trabajo como profesora en la UNIR, en diversos periodos y asignaturas, todas ellas del Máster de Secundaria, etapa de enseñanza en la que llevo ya muchos años trabajando.

Fue a través de la  UNIR como me llegó esta invitación a trabajar en el  Campus Solidario. Mi entusiasmo inicial era poder transmitir conocimientos y tener contacto con chicos y chicas desfavorecidos socialmente. Siempre he creído que la igualdad de oportunidades comienza por la igualdad de acceso al conocimiento, y que la libertad de pensamiento y la cultura son la raíz de la convivencia y el mejor antídoto contra todo tipo de marginación, explotación e injusticia. Una conquista del pensamiento occidental ha sido la conciencia de que todos los seres humanos nacemos en igualdad de derechos y que nuestra meta debía ser alcanzar esa igualdad, imposible sin la previa conciencia de esa comunidad que formamos todos los seres humanos.

Creo que todos nacemos con la capacidad de amar a nuestro prójimo. También nacemos con intereses, y egoísmos y ambiciones, qué duda cabe, pero, ¿no podemos desarrollar también ese otro impulso que nos hace más humanos, y que constituye la semilla para crecer como personas y ser seres plenos y auténticos? El instinto de supervivencia y de competitividad se nos impone como primacía en una sociedad donde el miedo al paro y el ansia de éxito se han convertido en motores tan patentes que nos olvidamos de que, sin esa entrega generosa a los demás y esa conciencia de comunidad e identificación con el otro, nos encontramos incapaces de ser felices. El voluntariado abre las puertas a esa potencia de nuestro corazón que nos hace, sintiendo que aportamos algo de nuestro ser a otros,  encontrarnos a nosotros mismos.

Como coordinadora y como profesora he tenido contacto con dos grupos distintos. Atendiendo a las clases de mis compañeros del grupo que coordinaba he disfrutado de la frescura, curiosidad, bondad y energía de los chavales y de la entrega, colaboración y generosidad de los profesores, a los que he visto disfrutar, abrirse y empatizar con los chicos, colaborar entre ellos y darme un precioso ejemplo de entusiasmo y entrega. Mi experiencia como profesora ha sido igualmente excitante y enriquecedora.

 College students in a computer lab

La verdad es que comencé con dificultades técnicas que, pese a que me estaban desesperando mientras se daban, al final sentí que dieron también su puntito de gracia a la experiencia. ¿Se me ve? ¿Se me oye? A veces sí, a veces no, casi nunca a la vez… Y lo mismo me pasaba a mí con ellos, que les veía y no, nos dio a todos la risa (primero a ellos, luego a mí por contagio)… Pero al final conseguimos dar la clase (gracias a Juan, profesor y compañero, por su ayuda). Y pese a esa entrada de desconcentración la atención que me prestaron luego fue digna del mejor de los elogios. ¡Qué más reconfortante para un docente que encontrar esa apertura y esas ganas de aprender!

La verdad es que con estos chicos y chicas me sentí entre iguales. Les hablé de la Unión Europea y comencé con el origen de Europa, sus características como región, sus recursos económicos y sus diferencias y similitudes culturales. Les hablé del origen de la UE, el significado de sus símbolos, y sobre todo de su origen espiritual, para lo que nos remitimos a las guerras mundiales. Hablamos del impacto moral de las muertes generadas con los nuevos recursos bélicos, de la necesidad de cooperación económica que evitara nuevas luchas por los recursos, de cómo esa cooperación fue trascendiendo a ideales políticos… Hablamos. No fue una “clase magistral”, de escuchar y tomar apuntes. Fue un diálogo (con sus hándicaps técnicos de vez en cuando), un plantear inquietudes y generar preguntas, un buscar respuestas.

El poso que me quedó fue unas ganas enormes de comunicarme con el mundo, de pensar juntos, de superar las barreras sociales y espaciales (gracias a la tecnología, que podemos usar para tanto bien, y que debemos fomentar en este sentido). Compartir y crear juntos, entre nosotros y con esos chicos y chicas que son nuestros iguales, que son nuestro mundo tanto como nosotros mismos. Ojalá que esta experiencia crezca cada vez más y nos abra a descubrir lo mucho que podemos llegar a ser como seres humanos, como individuos y en comunidad.

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sin ellos y muchos más, no sería posible