Mi voluntariado en un Centro Penitenciario

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Hace unos años, ya unos cuantos la verdad, cuando todavía no había ni comenzado a estudiar mi primera carrera en la Universidad y justo cuando había cumplido la mayoría de edad, me enteré que una Entidad de mi localidad tenía un grupo de personas que acudía un par de días a la semana al Centro Penitenciario.

El escuchar esto me llamó la atención,  y quise indagar más sobre esta iniciativa.

Me acerqué a pedir más información y me comentaron un poco de lo que se trataba, pero si os soy sincera, no llegaba a entender muy bien mi función como voluntaria. Así que tras pensarlo, muy poco realmente, decidí que la mejor manera de comprenderlo era yendo, observando y comprobando en mi persona de qué se trataba el proyecto.

Recuerdo todavía los nervios de la noche anterior y los que sentía en el coche mientras íbamos al Centro Penitenciario (yo creo que son de esos que te cuesta olvidar porque marcan un momento).

 Llegamos a la cárcel, nos tomaron los datos con los DNI, pasamos los controles de la entrada de rigor y nos acompañaron a la zona de “locutorio”. Era una sala donde hay unas sillas para sentarse frente a una ventana alargada de cristal. Al otro de la ventana hay una sala similar que es uso de los internos. Es el lugar que se utiliza para las visitas (típica imagen de las películas).

La cuestión es que una vez que estábamos en esa sala, me dijeron: “Escoge una silla, y sentémonos a esperar”. Para mí todo era un misterio.

Un sector de internos sabía de antemano que un grupo de personas iba a estar durante una hora, dos días a la semana, en la sala de locutorio, simplemente para hablar con ellos, de lo que quisieran, de lo que surgiera… Me pareció preciosa la idea de que pudieran contar con unos espacios semanales en los que poder hablar, poder desahogarse, o simplemente pasar un rato en el que poder “olvidar” la situación en que se encontraban.

De repente se abrieron las puertas de su sala y comenzaron a venir chicos de diferentes nacionalidades, incluida la española. Muchos de ellos ya tenían a su persona de referencia, pues se conocían hacía unos meses y habían congeniado bien, así que iban directamente a sus sillas.

En mi caso, “la novata”, tengo que decir y recordaré siempre, que vino un chico para el cual también era nueva la experiencia.

Sin darme cuenta comenzamos a habla. Yo no tenía claro que fuera a ser fácil, pues además en este caso su lengua materna era el árabe, y aunque hablaba un poco de francés y español, la barrera idiomática estaba ahí. Pero esta barrera en seguida dejó de existir, porque la comunicación verbal y no verbal estuvieron presentes durante toda la conversación.

¿Qué me contaba? Pues en este caso se limitó a hablarme de sus aficiones, de su familia, de todo aquello que echaba de menos poder hacer y de lo que este tiempo que estaba viviendo le estaba permitiendo, que era valorar lo que tenía ahí “fuera”.

Sin darnos cuenta llegó la hora de despedirnos, se hizo a poco la conversación, y quedó directamente conmigo para el siguiente día, pidiendo que si era posible continuar hablando conmigo. Y así fue en adelante, cada martes y cada viernes a las 19 horas estábamos ahí, durante unos meses.

Mientras fue creciendo la confianza, me iba contando cosas que le inquietaban, sucesos que ocurrían dentro de prisión, asesoramiento sobre diferentes ámbitos… Yo digamos que era el “puente” entre él (en este caso no sólo hablaba con él sino que con el tiempo, vista la demanda o necesidad que sentían, ampliamos los horarios de atención) y el exterior. O en algunos casos el interior para hacer llegar algún mensaje o alguna situación a los funcionarios.

Se dan situaciones muchas veces en que por exceso de trabajo, de usuarios, de demandas, no se podía atender todas en el tiempo que gustaría, o muchas veces son los propios usuarios los que “dan por hecho” que no se les va a ayudar, o han tenido ya alguna mala experiencia en este sentido y adoptan una actitud pasiva o agresiva que no les ayuda.

Con el tiempo comprendí y fui viendo que era importante trasmitir a las diferentes personas con quien fui hablando este mensaje. Yo estaba dispuesta a hacer de puente e informar lo que en ocasiones me pedían (como os digo no siempre eran demandas, sino más bien un desahogo), pero también la importancia de que ellos mismos se hicieran autónomos en este sentido e intentaran comunicarse y demandar de una forma correcta lo que necesitaban, o simplemnete dar opiniones de forma asertiva.

Yo muchas veces me preguntaba si de verdad estaría haciendo una buena labor por ellos, porque yo sentía una riqueza enorme al tener esa oportunidad de conocer un poquito del ámbito penitenciario, de cómo se sentían, de cómo vivían, de qué les pudo llevar a actuar de una forma u otra para estar ahí. Con el tiempo fui entendiendo que ellos realmente agradecían estos espacios y que le ayudaba el poder hablar con alguien que llegaba a entender, con el tiempo, que no les estaba juzgando.

Os podéis imaginar que me encontré situaciones de todo tipo. A veces intentaban aprovecharse de la situación pidiendo cosas o metiendo la mentira por medio, por eso era muy importante tener clara nuestra misión y ser muy objetivos en este sentido.

Pero os diré que esta experiencia no la puedo olvidar, fue muy gratificante, y la recuerdo como un momento de mi vida bastante dulce.

Posteriormente, a los dos años de finalizar mi voluntariado ahí, me surgió la oportunidad de realizar un proyecto de investigación en el centro penitenciario y recordaba todos estos momentos.

Ahora estoy de nuevo ilusionada porque me han propuesto jugar partidos de fútbol con el equipo femenino de fútbol de la prisión (bueno en realidad contra ellas, jeje) y tengo muchísimas ganas, porque me parecen iniciativas preciosas y una forma sana y saludable de intentar que estas mujeres “se olviden” de la situación que están viviendo, que tengan momentos dentro de los que caben menos amargos, y que quién sabe, a lo mejor les ayuden para recapacitar…

Aclarar que en ambos casos (locutorio y fútbol) se trata de pres@s  que están cumpliendo condenas menores (generalmente por tema de drogas, robos, y peleas). Y que muchas veces el cómo vivan este tiempo encarcelados puede ser la diferencia entre seguir delinquiendo o no volver a hacerlo más.

No sé lo que os parece, ni si tenéis experiencias similares.

Un abrazo a tod@s,

 

Miriam Bermejo

Miriam Ebahel Bermejo Sáinz, Licenciada en Ciencias del Trabajo con especialidad RRHH y Psicología Social, Diplomada en Trabajo Social con experiencia en varios ámbitos y por más de diez años. Especialista en Mediación de Conflictos y Planificación y gestión de proyectos de Cooperación al Desarrollo. Máster en Formación de Profesorado de Educación Secundaria por la UNIR.

 

 

 

 

 

3 Comentarios en “Mi voluntariado en un Centro Penitenciario
  1. We’re a group of volunteers and starting a new scheme in our community. Your website provided us with valuable information to work on. You have done an impressive job and our whole community will be thankful to you.

  2. Manager Campus Solidario dice:

    Thanks for your feedback. A pleasure to be helpful.

  3. Beatriz dice:

    Buenos dias Miriam,

    Mi nombre es Beatriz Garcia Perez y soy alumna del 4º curso del Grado de Criminología y Políticas Públicas de Prevención, impartido en la Universidad Pompeu Fabra. Te escribo para solicitarte una posible futura entrevista sobre tu visión de la prisión después de ejercer este voluntariado. Ya queme serviría de mucha ayuda para llevar a cabo un trabajo para la asignatura de sistemas penitenciarios, teniendo en cuenta la visión de un agente especializado y cercano a la ejecución del sistema. En todo caso, como he visto que es de Logroño, podríamos hacer que yo le enviase las preguntas y usted me las contestase en formato word. Me serviría de gran ayuda.

    Espero su respuesta,
    Muchísimas gracias por su atención.

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sin ellos y muchos más, no sería posible