“Nunca mais”

Hace ya varios años comencé mi experiencia como voluntaria acudiendo durante una semana, en las Navidades de aquel año, a la localidad de Muxía, para colaborar en las tareas de limpieza de acantilados y costas del vertido del “Prestige”.

La convocatoria salió a través de la Universidad de La Rioja, donde estaba estudiando mi primer año de mi primera carrera (Trabajo Social), y cuando vi el cartel, sentí la necesidad de realizar el voluntariado, y me inscribí yo sola para vivir esta experiencia, sin pensar en nada más, sólo en poder ayudar, no me sentía bien mientras veía las imágenes por la televisión en cada telediario. Vidas de tantas personas que cambiaron de repente, de la noche a la mañana, y que pedían ayuda.

 Nunca maix

Me monté en un autobús lleno de gente, donde no conocía a nadie, todos eran mayores, pero me daba igual. Tras muchas horas de viaje (toda una noche), llegamos a Muxía donde nos alojamos en un polideportivo en colchonetas por el suelo (todo muy bien organizado), y unas carpas que habían montado los militares para servir las comidas y otras algo separadas que hacían como duchas. Todo el pueblo estaba volcado en acoger a los voluntarios para que estuviéramos cómodos.

Los días fueron duros, trabajábamos en acantilado o playa, los militares nos llevaban en sus camiones, a mitad de la jornada o cuando la marea subía venían los “manos limpias” a darnos un bocata, y cuando finalizaba la tarea, volvían a recogernos los camiones militares, nos acercaban al polideportivo, y en tandas íbamos pasando a duchas de 5 minutos cronometrados (todo súper organizado, donde el ejército hizo una labor impresionante).

Por la noche nos esperaban las mujeres en la carpa grande para servirnos sus comidas caseras, buenísimas y hechas con un encanto y cariño especiales, que se apreciaba en todo.

Y a dormir pronto porque a las 6 comenzaba de nuevo la tarea.

Reconozco que hasta la última noche apenas hablábamos entre nosotros porque además de estar con mucha más gente del resto de España, trabajábamos mucho, sobre todo los que estábamos en acantilados, y llegábamos tan cansados que sobre las 22 ya estábamos durmiendo.

La última noche el alcalde del pueblo a modo agradecimiento nos preparó la fiesta de la queimada en la plaza del pueblo y un baile que duró toda la noche, fue maravilloso el gesto, cómo nos integraron a todos los voluntarios y lo bien que lo pasamos aquella noche, la gente del pueblo muy cercana y emocionada por ofrecer ayuda, una ayuda que parecía que no se apreciaba porque a la mañana todo lo limpiado en una jornada entera de trabajo, aparecía todo manchado de nuevo, pero que seguro entre todas las manos que pasamos por allí contribuimos a que poco a poco la vida de aquellas personas se fuera con el tiempo (y mucho tiempo) normalizando dentro de lo posible.

Fue una experiencia que sin duda no podré olvidar y se queda en mi recuerdo.

No fue la primera, pues comencé el voluntariado varios años antes (dentro del ámbito de infancia y juventud, y discapacidad intelectual), pero fue una experiencia diferente, dentro de nuestra sociedad, y que viví con intensidad.

 

 Miriam Bermejo Miriam Bermejo. Licenciada en Ciencias del Trabajo con especialidad RRHH y Psicología Social, Diplomada en Trabajo Social con experiencia en varios ámbitos y por más de diez años. Especialista en Mediación de Conflictos y Planificación y gestión de proyectos de cooperación al desarrollo. Máster en Formación de Profesorado de Educación Secundaria por la UNIR.

11 Comentarios en ““Nunca mais”
  1. Juan dice:

    Una experiencia muy bonita y gracias por compartirla. A veces miramos a otros lugares y no recordamos que aquí mismo hemos tenido situaciones y oportunidades de voluntariado fuertes. Gracias Miriam.

  2. Ana Isabel dice:

    Buenos días Miriam,

    En primer agradecerte compartir tu experiencia con todos nosotros. Se que sería duro pero seguro que quedaste satisfecha!. Esperemos que el nunca mais siga en vigor durante mucho tiempo!. Gracias!!!!!!!!!!

    • Miriam Ebahel dice:

      Hola Ana Isabel, fue duro el ver la situación, el sentir que trabajabas de amanecer hasta anochecer sin parar y apenas se notaba, pero por otro lado se sentía que sí, que un día se notaría toda esa ayuda…y bueno con los años, poco a poco va volviendo a su ser todo aquel daño natural, con todo lo que afectó a la vida marina, y como dices, sí, esperemos y creamos en ese “Nunca Mais”.
      Un saludo.

  3. Begoña dice:

    Miriam, qué bello testimonio y qué bien narrado. Por un lado la crudeza del desastre ecológico y por otro la entrega, el esfuerzo y la solidaridad de las personas. Estoy segura de que, aunque al día siguiente volvieran a ennegrecerse las playas, vuestro esfuerzo no fue en vano. La naturaleza es fuerte y con poco que la ayudemos sale adelante.
    Muchas gracias por ese granito de arena.

    • Miriam Ebahel dice:

      Gracias a ti por el comentario. La naturaleza es fuerte y vulnerable a su vez, la respuesta colectiva lo cierto es que fue emotiva y fundamental a su vez. Un saludo.

  4. Claudia Liliana Ruiz Nova dice:

    Caramba Miriam, mis respetos ante tu actividad de voluntariado y entrega con tanto tezón. Toda labor cumplida da sus frutos y los mejores como en este caso, La naturaleza sabe ser agradecida. felicitaciones.

  5. Eufemio dice:

    Una vez más alumbrando al mundo… Mi Más Sincera Enhorabuena Mirian! Tanto por tu labor de hoy como gran comunicadora en palabra y ejemplo con hechos, como por la de aquel entonces como integrante de la “Conciencia Colectiva”… Conmovedoramente Espectacular ésta cuando se agudiza y en armonía canaliza el aporte de sus individuos… Buen Trabajo! 😉

    • Miriam Ebahel dice:

      Gracias Eufemio por tu comentario y por saber apreciar esa “conciencia colectiva” y la labor y aporte de cada individuo por el bien común. Un saludo.

  6. esteban dice:

    Enhorabuena por ser así y compartirlo con todos. La verdad todos tendríamos que realizar algo así una vez en la vida.

  7. Miriam Ebahel dice:

    Buenos días Esteban, justo he venido de hacer el Camino de Santiago en mis vacaciones, y me he encontrado por el camino a mucha gente que como yo, le tocó ver de cerca aquella catástrofe y han venido un montón de recuerdos estos días, pero es gratificante ver cómo hubo una importante respuesta colectiva, y la gente se unió para dar con ello. Un saludo y gracias.

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