Siendo voluntaria descubrí el poder de una sonrisa

Después de cometer una completa locura (tal como lo decían mis papas) decidí retirarme como Asesora financiera de un reconocido banco, para poner a prueba mis conocimientos como Profesional en Cultura Física y Deportes, carrera de la cual me acababa de graduar… Al pasar 3 meses sin conseguir una oportunidad laboral, luchaba día a día por no perder la cordura, por tener mis pensamientos optimistas y pensar que pronto tendría una oferta acorde con lo que buscaba.

Posterior a tanta búsqueda, me encontré con que la Fundación CAPREPOEX (centro terapéutico y de aprendizaje para población con discapacidad cognitiva) necesitaba Fisioterapeutas y profesores de deportes que trabajaran como Voluntarios.

Ilusionada con esa nueva oportunidad, me presenté, con tan buena fortuna que fui aceptada… Tanta fue la felicidad de poder servir a niños con dicha condición que lo último en lo que pensaba era recibir una retribución económica.

Comencé el martes a las 8:00 de la mañana, mi primera sesión fue de fisioterapia con un niño llamado Juan Esteban, pero de cariño todos lo llamaban Juanes. En la inducción la directora me dijo: “el niño tiene 5 años, es diagnosticado con Parálisis Cerebral y su mayor deficiencia es la poca y difícil movilidad, su cuerpo se pone rígido y al parecer siente dolor, tu labor será realizarle masajes y ejercicios para que recupere su movilidad y se sienta mejor, estas lista…”

Hasta ese momento sonaba una labor muy bonita e importante y yo estaba dispuesta a poner todo mi empeño, pero en el momento que vi por primera vez a Juanes… me lleno el alma de alegría, motivación y entusiasmo.

Lo primero que encontré fue una enorme sonrisa y unos ojos brillantes donde reflejaban la ilusión de un niño lleno de vida, de ilusiones y sueños, posteriormente note su cuerpo rígido, delgado y con mínimos movimientos. Rápidamente mi mente se trasladó a aquellos momentos donde la mínima acción, palabra o problema se convertía en un lamento, una excusa para evitar hacer las cosas, tantas quejas sin razón… Sentí vergüenza por la forma en la que me había comportado y me prometí pensar en esa hermosa sonrisa y en esas ganas de vivir cada vez que quisiera lamentarme porque las cosas no salen bien.

Acompañe a Juanes durante 8 meses con fisioterapias, masajes y juegos, hasta que tuvo que trasladarse de fundación porque sus padres se mudaron de casa, sentí tristeza cuando nos despedimos, pero siempre vivirá en mi recuerdo la imagen de un niño que con tan corta edad y sus problemas de salud, nunca borro de su rostro esa enorme sonrisa, esas ganas de luchar y salir adelante, pero sobre todo me enseño el significado de la vida… VIVE PARA SERVIR Y SERVIRÁS PARA VIVIR.

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Bendiciones y Éxitos mi Juanes.

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Kelly Johanna Salcedo, estudiante del Máster en Sistemas Integrados de Gestión de  UNIR.

2 Comentarios en “Siendo voluntaria descubrí el poder de una sonrisa
  1. Genial Kelly! yo también hago habitualmente acciones solidarias relacionadas con las actividades físicas, deportes, entrenamientos personales, … Es algo que reconforta. Ver la sonrisa de personas que no tienen opciones a “determinados servicios deportivos” y que ves en su cara lo positivo que les resulta.

    Gracias por tus acciones.

    Toni

    • Johanna Salcedo dice:

      Hola Toni.

      Ahora me encuentro viviendo en Barcelona y estoy buscando entidades con esas características a las que les pueda ayudar.

      Un abrazo

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sin ellos y muchos más, no sería posible