El voluntariado, una filosofía de vida

Un compañero hace unos meses me habló del voluntariado solidario de la UNIR  Campus Solidario, la verdad es que siempre, en mi interior, he necesitado estar cerca de los demás, sentir que mi vida sirve para algo más que para vivirla solo.

Un voluntario es una forma de ser, es una forma de ver la vida de otra manera, es en definitiva una filosofía de vida, ya que el voluntario no se preocupa por sus necesidades, sino que también se interesa de las necesidades de los demás y a la vez se hace responsable de sus soluciones.

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Con esta introducción no quiero ponerme flores ni ser vanidoso, simplemente estoy convencido de que cuando ofrecemos parte de nosotros mismos los primeros beneficiados somos nosotros, ya que nuestra vida se convierte en plena y cumplida, es fruto del amor hacia los demás y hacia ti mismo, porque recibes mucho, mucho más que el pequeño granito de arena que puedes ofrecer.

Llegó el día esperado y con los nervios propios del primer día me puse delante del ordenador, me tocaba impartir la clase a las 11,45 de la mañana y una hora antes ya estaba conectado en la plataforma mordiéndome las uñas, ¿me funcionará la webcam? ¿funcionará el micro? ¿seré capaz de trasmitir algo a los chavales que están al otro lado de la pantalla? Entonces comprendí la gran labor que hacen nuestros profesores cuando nos imparten las clases, porque no se trata de trasmitir conocimientos sino de transmitir seguridad, ilusión, cariño y comprensión, y, además, conocimientos.

Detrás de nuestra pantalla hay unos niños que esperan con ilusión que les hables de cosas interesantes, que le abras el mundo, un mundo que para ellos quizás no es el ideal, pero que están ansiosos por conocer.

Buenos días chicos ¿se me escucha bien? Fueron mis primeras palabras en la primera clase que di a los chavales, una voz tímida se escucho al otro lado y me dijo “si profe, se escucha bien y le vemos bien”, mi corazón no paró de latir en toda la clase, pero por momentos me sentí en familia, no me sentía solo en la mesa del ordenador, sentía como estos chavales entusiasmados me hacían preguntas, el tema era “Las instituciones Europeas”, el primer comentario que se hizo por parte de los chavales fue ¿para qué sirve Europa? Poco a poco fui desgranando todas y cada una de las instituciones, poniéndoles ejemplos para que descubrieran que Europa es algo que nos interesa, les hablé del Ave, de las carreteras, la agricultura, el libre comercio, la libre circulación de las personas, y, al final terminamos hablando todos como Papagallos.

Pero lo más grande de todo es que al final, y después de hablar un poco de futbol, pues aquel día era la final de la Copa de Europa, terminaron dando un fuerte aplauso, mi corazón estallo de alegría y enseguida dije “gracias Dios mío” tu objetivo se ha cumplido.

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Ser voluntario no tiene precio, no se cambia por nada, simplemente hay que vivirlo y gozarlo, trasmitir con ilusión y alegría los pocos o muchos conocimientos que tengas de un tema, pero lo importante es que siempre hay alguien detrás que te escucha, aprende y empatiza contigo, y, sobre todo, se sienten queridos y saben agradecer el poco tiempo que les dedicas, y que en cualquier lugar de España hay alguien que les escucha y se preocupa por ellos.

Una mención especial a la organización del voluntariado, gracias por sus ánimos, gracias por su apoyo y sobre todo, gracias por está ahí, gracias a la UNIR por poner los medios y marcarnos el camino, porque somos una familia que hablamos el mismo idioma. EL AMOR.

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sin ellos y muchos más, no sería posible